EL MARAVILLOSO Y POSIBLE «AHORA»

muchacho-que-se-sienta-debajo-de-un-árbol-viejo-en-el-bosque-41741630 ¿Cuanto tiempo tenemos que esperar para que el bien ocurra? ¿Cuánto tiempo tenemos que esperar para que la prosperidad llegue a nosotros? ¡Hemos esperado ya tanto tiempo!.

Hemos esperado por Santa Claus, hemos esperado por los cumpleaños, hemos esperado a que nuestra madre estuviera lista para llevarnos a los lugares: hemos esperado a tener la edad suficiente para tener una cita. Y para guiar un automóvil. Algunos de nosotros hemos esperado largo tiempo antes de que llegase la persona indicada para amar y ser amados por ella; ¡hemos esperado, oh, por tantas cosas!.

«Espera, espera, espera», se nos ha dicho toda nuestra vida, «Todavía no puedes hacer eso». «Todavía no puedes tener eso». «Espera, espera, espera, espera». Hemos practicado y se nos ha entrenado para esperar. ¿Es de admirar, pues, el que la mayoría de nosotros sintamos que tenemos que esperar para que el bien de Dios llegue a nosotros? ¿Es de admirar que no tengamos una conciencia del ahora?.

Sí, estamos casi satisfechos con la agradable sensación que nos llena cuando sabemos que el bien está en camino hacia nosotros. Pero esto no es necesario. No tenemos que esperar.

No tenemos que esperar en absoluto. El bien que tiene Dios para nosotros está cerca. Está a la mano, donde podemos tocarlo, sentirlo, usarlo. El bien de Dios nos llega tan pronto como podamos aceptarlo. La felicidad nos llega una vez que nos negamos a ser infelices y aceptamos el gozo que Dios siempre tiene disponible; las curaciones vienen cuando aceptamos completamente esa posibilidad y abrimos nuestra mente, corazón y cuerpo, de manera que el poder sanador de Dios pueda trabajar sin interferencia alguna. Sí, las coas comienzan a suceder en el momento en que comenzamos a pensar: «No tengo que esperar. Ahora, ahora, ahora, puedo tener el bien que necesito y deseo. Ahora puedo creer que está llegando sin demora. Sé que está llegando. Lo siento llegar. Lo veo llegando».

Hasta que no veamos y sintamos el bien, no podemos aceptarlo. Mientras el bien permanezca invisible, no puede usarse. Uno puede estar sentado sobre una gran suma de dinero sin beneficiarse de él, hasta que sabe que está allí, lo saca, lo toca y lo maneja. Uno puede saber que hay un trabajo para el que está preparado, pero a menos que no vaya a llenar la solicitud, nunca lo tendrá. Uno puede saber que cierta palabra puede sanar una inarmonía, pero hasta que no pronuncie esa palabra, la situación permanecerá igual. De la misma manera sucede con nuestras oraciones y nuestro trabajo metafísico para la prosperidad.

Debemos aceptar la totalidad del poder de Dios, la ilimitada vastedad de Su saber y tener; sobre todo debemos aceptar su accesibilidad para nosotros, ahora. Ahora. Esta es la manera en que adquirimos una conciencia del ahora y ésta es la manera de adquirir prosperidad sin demora. Esta es también la forma de librarnos, de una vez por todas, de una conciencia limitada. Así es como superamos el pensar, el sentir, el creer que tenemos que esperar largos períodos antes de poder obtener el bien que queremos y necesitamos.

Gerald Timmons había estado trabajando para ser próspero desde que fue introducido a la Verdad. Había leído libros, había estudiado, había tomado clases, había escuchado conferencias. Era un hombre inteligente, un hombre bueno. Creía sincera y profundamente en Dios. Creía en la rica bondad de Dios y que Dios quería que él fuera próspero. Creía que Dios podía ayudarlo a ser próspero en todos los aspectos, pero de alguna manera, nunca había tenido la prosperidad verdadera que deseaba. Su vida mejoró. Toda su vida era mejor de lo que había sido antes de haber empezado a vivir la Verdad que estaba aprendiendo.

Como es el caso de la mayoría de nosotros, su vida había cambiado lenta pero constantemente. Se expandió un poco, primero en una dirección y luego en otra. Adelantó mucho en la superación de un sentimiento de indignidad y de un miedo recurrente a la escasez. Eliminó muchas nociones limitantes. Se volvió una persona más saludable. Había estado viudo por varios años y a través de su estudio sobre la Verdad conoció a una mujer con la cual está ahora felizmente casado. Sus hijos terminaron su educación universitaria, pagando ellos su mayor parte. Tienen ahora buenos trabajos, están casados y tienen sus propios hijos. No era que Gerald Timmons estuviese descontento. Era que simplemente quería demostrar mucho dinero, por dos grandes razones.

Al igual que muchos estudiantes de la Verdad, sentía la obligación de demostrar una ilimitada prosperidad como prueba de las enseñanzas; también quería mucho dinero financiero. Ninguna de las dos razones es mala; de hecho, no necesitamos razones para ser ricos. Deberíamos de ser ricos por la simple razón de que somos hijos e hijas del mas acaudalados de todos los padres. Y Gerald seguía trabajando hacia esa conciencia del «ilimitado ahora».

Continuó leyendo libros de prosperidad; los estudiaba y seguía sus sugerencias. Continuaba progresando pero esa olla de oro que quería parecía ser tan esquiva como la de la fábula al pie del arcoíris. Entonces una noche, después de las doce, me llamó.

«Lo tengo, lo tengo», me dijo excitadamente. «Finalmente, lo tengo».

«¿Qué cosa es, Gerald?» Sabia que era una cosa muy importante porque nunca antes me había llamado tan tarde.

«¡Un cuarto lleno de oro!»

«¿Un cuarto lleno de oro?»

«Y hay más»

«¿Más que un cuarto lleno de oro?»

« Mucho más». Su voz bajó a un intenso susurro. «Finalmente tengo una conciencia de un millón de dólares».

Yo podía sentir su entusiasmo y su convicción. «Háblame sobre ello. ¿Cómo es que lo lograste esta noche? ¿Qué sucedió?».

«Realmente no sé. Estaba dormido. Como siempre hago, me fui a dormir afirmando que la gran riqueza de Dios es mia para disfrutarla y usarla ahora como El quiere que la use. Eso fue todo. Me dormí y luego me desperté. El cuarto estaba lleno de oro, lleno de oro en movimiento. Cuando mis ojos se ajustaron al la brillantez inesperada, me di cuenta de que la luz venia de una lámpara en el patio. Era una luz amarilla pero esta luz en mi cuarto parecía dorada, no amarilla. Hasta las obscuras sombras de las hojas en las paredes eran de oro; la sobrecama era color de oro; los muebles tenian reflejos color oro. Había oro en todas partes y mientras lo miraba me di cuenta de pronto de que yo era un millonario y de que tenía todo el dinero disponible que yo pudiera jamás usar, en cualquier cantidad que pudiese desear.

«Fue más que una sensación de seguridad. Fue tan real como si hubiese habido montones y montones de dinero esperando para que yo lo contase. Yo supe también que había más dinero del que yo podría usar ahora; era dinero que seguiría viniendo a mí en cualquier cantidad o forma que yo necesitase, siempre y cuando lo utilizase bien. Nunca me sentí tan levantado».

«Todavía lo estoy». Dio un largo y feliz suspiro. «Estoy verdaderamente en la cima de la montaña y, sin embargo, nunca me he sentido más práctico y organizado. De alguna manera he expandido mi conciencia por primera vez para incluir la certeza de una gran riqueza en camino ahora, para que la use, la multiplique, haga con ella el trabajo que Dios debe desear que haga: si no, no tendría las ideas y deseos que tengo».

«Extrañamente, también tuve la sensación de tener más habilidad de la que nunca antes había sentido. Siento que sé más o sé mejor cómo debo de hacer lo que se supone que haga. Así creo», y su voz disminuyó en una especie de reverencia que nunca antes había tenido, «Yo creo que no hay nada que no pueda hacer ahora con la ayuda del padre. ¿Por qué me tomó tanto llegar a este lugar?».

«Estoy seguro que no importa el porqué; lo único que importa es que estoy aquí. Nunca he sentido tanto el deseo de gritar mi agradecimiento o he querido estar tan absolutamente callado, porque estoy humildemente agradecido».

Gerald había construido una firme base a través de su estudio y p´ráctica de los principios de la Verdad. «Finalmente me di cuenta de lo que tengo y que nada ni nadie podrá nunca quitármelo», dijo. Había alcanzado una conciencia de un millón de dólares; había desarrollado una conciencia de «prosperidad, ahora». Aún la posee.

No sé si tiene o no un millón de dólraes en su cuenta de banco, o cuál es el valor de su propiedad o de sus negocios. Todo mundo que lo conoce sabe que no falla en las inversiones. Siempre está al tanto de las cosas en el momento adecuado. Está envuelto en muchos negocios. Cada uno de ellos está produciendo un bien constructivo para un gran número de personas. Gerald es todavía un hombre animado, lleno de entusiasmo por todo lo que hace y por la activa ayuda de Dios en sus empresas. Es verdaderamente próspero en sus asuntos. Vale la pena trabajar para adquirir esa conciencia de un millón de dólares, esa conciencia de «prosperidad, ahora».

Las personas con una rica conciencia del «ahora», siempre pueden vivir como si fueran ricas, no importa el volumen de sus cuentas de banco. Las familias que tienen este tipo de conciencia mantienen su riqueza y aumentan sus posesiones. La mayoría de nosotros hemos conocido personas con este tipo de conciencia y que no tienen dinero en grande, pero que pueden, de alguna manera, vivir como «si lo tuvieran»; aparentemente no pierden su conciencia de riqueza. Es la conciencia lo que importa: es la conciencia lo que hace la diferencia.

Construimos la conciencia primero; luego la manifestación, y la demostración puede venir. Es el tener una conciencia de riqueza, una conciencia de un millón de dólares, lo que hace a los hombres capaces de reconstruir imperios financieros, recuperar grandes pérdidas financieras., comenzar desde la nada, comenzar con los proverbiales cordones de zapatos. La gente que no da la talla, la gente que no logra sobreponerse a reveses financieros, no tiene esta conciencia de riqueza. Todos debemos trabajar para adquirirla. Hay muchas razones por las cuales no la tenemos todavía.

Muchos de nosotros creemos, y siempre hemos creído, que ciertas coas no son para nosotros. Algunas veces hemos limitado nuestro bien al pensar y decir: « Yo no quería una gran riqueza. Sólo quiero una cantidad confortable». Algunas veces limitamos nuestro bien aun más, cuando decimos: «Sólo quiero lo suficiente para cubrir esta necesidad». Gerald Timmons quiso más que esto, mucho más y lo obtuvo. Cuando elevamos nuestra conciencia de bien, atraemos y recibimos una correspondiente porción mayor de amor divino y provisión. Sabiendo que Dios es un Padre que es todo provisión y todo amor, no podemos pensar que haya un límite al bien que El nos dará.

Preguntémonos seriamente: ¿Pensamos realmente que hay una cantidad fija para que cada uno de nosotros tenga y disfrute? ¿Es Dios realmente un padre arbitrario que dice: «¿Puedes tener tanto y nada más?» ¿Pensamos realmente, en lo profundo de nuestro corazón, que hay algunas cosas demasiado buenas para nosotros desearlas o poseerlas? ¿Existe una altura mas allá de la cual no vamos a pasar en nuestro pensar, nuestro desear y nuestro pedir? Seamos honestos. ¿Qué pensamos realmente? Si tenemos reservas acerca de nutro bien, acerca de lo que podemos esperar, entonces debemos comenzar a corregirlas. Nos ayudará el leer la respuesta a todas estas preguntas en Juan «Hasta ahora no habéis pedido nada en mi nombre; pedid y recibiréis, para que vuestro gozo sea completo».

Lee esas palabras hasta que realmente las entiendas. ¡Hasta ahora no hemos pedido nada! Esa es toda una declaración de Jesucristo, seguida por su gran promesa de que recibiremos cuando pidamos. ¿Y cómo pudiera ser nuestro gozo completo si no pedimos una prosperidad ilimitada? Cualquier escasez de bien impedirá que nuestro gozo sea completo. Si no carecemos de nada tendremos tiempo para disfrutar de todos los aspectos de la vida, con abundancia de tiempo para el estudio, la oración, la meditación y el relajamiento.

La promesa nos es dada en el Viejo Testamento también. El salmista lo dice de esta manera: «Aquellos que buscan al Señor no carecen de nada bueno». Busca al Señor y tendrás toda cosa buena. Si, aquí de nuevo está la promesa de que nada es demasiado para pedirlo. El salmista dice:

Nada bueno retiene el Señor de aquellos que caminan rectamente.

Tenemos que repetir estas promesas una y otra vez hasta que se graben en nuestro corazón y mente, y debemos creerlas. Ninguna promesa puede ser cumplida si se la toma a la ligera. Una promesa tiene que ser aceptada y creída, así como consumada. Aun las maravillosas promesas de Dios no pueden realizarse a menos que creamos en lo que se dice.

No, éstas no son meras reafirmaciones placenteras. Podemos atrevernos a tomar a Dios literalmente. Podemos toarlo por su palabra sin ninguna interpretación. Podemos atrevernos a pensar que El quiere decir exactamente lo que está diciendo El lo ha probado.

Sabemos cuán ricos eran los hombres del Viejo Testamento. Cada uno parecía ser más rico que el que había vivido antes. Finalmente allí tenemos a Salomón «En toda la gloria« con toda su vasta riqueza. Salomón llenó los requisitos del Salmista. Caminaba rectamente, pedía un corazón comprensivo, buscaba a Dios. Salomón tenía una conciencia de riqueza. Su padre era un rey rico; su Padre era nuestro rico Padre:

Yo soy el hijo de Dios y heredo su riqueza ilimitada ahora. No temo a la escasez ahora ni en ningún momento, porque tengo una conciencia de riqueza. Tengo una conciencia de un millón de dólares. Aprecio la vasta riqueza de Dios. Me doy cuenta de que El tiene pródiga abundancia para todos sus hijos en todas partes. Es fácil para Dios el proveer todas mis necesidades inmediatamente, porque sí tengo una conciencia de un millón de dólares. Antes que le pida, el provee abundantemente.

No hace mucho tiempo que hablé con un hombre que trabaja en una gran Compañía, una compañía joven que ha crecido rápidamente. Estaba sumamente entusiasmado con los oficiales y con casi todo el mundo que trabajaba allí. «Desde el mismo principio», dijo «deben de haber estado muy seguros del éxito allí». Hay un sentimiento de confianza ahora. Esto crea un entusiasmo que es contagioso. Todo el mundo parece estar entusiasmado y optimista. Nunca he visto allí a nadie dependiente del reloj, todos los empleados parecen ser apreciados. Hay muchos beneficios extras y una sensación de prosperidad por todas partes».

«Cuando se considera una propuesta, el costo no se menciona nunca hasta que la idea misma no se haya probado por su beneficio potencial para los clientes y la compañía».

Es evidente que el rápido éxito de esta compañía es prueba adicional del valor de tener una conciencia deéxito y riqueza. Otra compañía también lo descubrió. El desastre financiero parecía inminente. Sólo había dos miembros de la junta de directores que no estaban temerosos o desalentados. Ellos dos estaban lejos de querer darse por vencidos. De hecho, estaban tan seguros de un buen resultado que no podían entender los lóbregos pronósticos de los otros miembros de la junta. Era como si hubiera dos negocios: dos veían el negocio cn una conciencia de riqueza; y los demás miembros de la junta con una conciencia de temor al fracaso. El bien era lo suficientemente fuerte como para sobreponerse al pesimismo y el éxito llegó para aliviar a la mala situación financiera.

Un buen pensamiento vale innumerables pensamientos negativos. Estas son, verdaderamente, las buenas noticias que estamos esperando escuchar. No importa cuántos pensamientos y palabras negativas hayamos pensado, sentido y expresado, podemos comenzar a usar palabras de conciencia, de riqueza, podemos comenzar a sentirnos ricos, podemos comenzar a actuar ricamente. Nuestras poderosas buenas palabras contrarrestarán toda negatividad. Todo lo que tenemos que hacer es estar seguros de no añadir ninguna otra negatividad a nuestro mundo, al continuar pensando de manera limitada y temerosa.

No importa que no hayamos tenido una conciencia de riqueza o de un millón de dólares antes. Podemos tener una hoy. No tenemos que demorar nuestro bien ni un minuto mas! Si hemos creído que tenemos que esperar por el bien, podemos aceptar ahora la verdad de que no tenemos que esperar. Si hemos creído que sólo podríamos tener un poco de bien, podemos expandir el horizonte de nuestra mente, de nuestra fe, de manera que podamos saber con toda nuestra mente y corazón, que hay un bien ilimitado listo para nosotros ahora, sin mayor dilación.

A un exitoso escritor se le había dicho en la universidad que tenía talento, pero que tendría que vivir y experimentar muchas cosas (al igual que conocer muchas personas)antes de poder convertirse en un éxito. El aceptó esta idea por un número de años. Entonces se dio cuenta de que su talento le había sido dado por Dios como un canal a través del cual vendría su prosperidad, y que debería de usarlo ya. «Decidí escribir sobre lo que sabía entonces. Cuando aprendí más sobre la vida y la gente, escribí sobre eso, y cuando aprenda aún más todavía, escribiré sobre ello». Otro escritor alcanzó el éxito más temprano. Una maestra de escuela superior le había dicho: «Tienes talento. Úsalo. Úsalo ahora. No dejes que nada te detenga, ni aun los rechazos debido a los tropiezos, Puedes ser un escritor con éxito antes de que tengas treinta años si escribes, escribes, escribes y no te aplazas (demoras)». Así lo hizo. Le habían dado una «conciencia de éxito, ahora». Podemos ayudar a los demás a expandir su conciencia de prosperidad. Al hacerlo así, expandimos también la nuestra. No queremos que los demás experimenten cualquier demora que nosotros hayamos tenido. No queremos que nadie más tenga que decir. «¿Por qué no hice esto previamente? ¿Por qué no hice esto antes? El tiempo no importa una vez que hayamos alcanzado la expansión de nuestra conciencia.

Sí, gracias Dios, porque no tenemos que esperar el bien «algún día»; podemos esperarlo, ahora, en este minuto.

El bien viene a mi ahora, hoy. Gracias, Dios, mi bien viene ahora, fácilmente, sin esfuerzo o preocupación. Estoy feliz, ahora. No tengo que esperar por nada o por nadie para ser feliz. Soy saludable, ahora. No tengo que esperar por curación o energía. Soy sabio, ahora. No tengo que esperar por comprensión. Soy rico, ahora. Ya no tengo que esperar por la prosperidad. Está aquí ahora. Soy verdaderamente próspero en todas las áreas, ahora. El bien viene a mi, ahora, en todas partes de mi vida. El bien ilimitado es posible para mi, ahora. Tengo una conciencia de realidad, ahora. Tengo una conciencia de salud, ahora. Tengo una conciencia de riqueza, ahora. Tengo una conciencia de un millón de dólares ahora. Mi período de espera ha terminado. Tengo ahora mi bien. Ahora es el momento en que acepto mi bien.

Mary Katherin McDougall

4 Comments

  1. adriangela peralta 28 Agosto, 2015 at 10:41 pm -  Responder

    maravilloso articulo

  2. Ma. Blanca E. Téllez Hernandez 29 Agosto, 2015 at 1:41 pm -  Responder

    Excelente explicación e invitación para llevarla a cabo.

  3. Ma. Blanca E. Téllez Hernandez 29 Agosto, 2015 at 1:43 pm -  Responder

    Excelente explicación, me motiva y me invita allevarlo a cabo. Gracias gracias gracias.

  4. cecilia 10 Noviembre, 2015 at 3:51 am -  Responder

    Gracias, Gracias, Gracias..

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